Además que no pueden ser las nubes de una masa tan densa como piedras; ni tampoco tan sutiles como la niebla y el humo, pues deberian caer en fuerza de su mucho peso, en el caso primero como las piedras: si tuvieran la misma consistencia que tiene el humo, no pudieran ellas contener los granizos y las nieves. En la inmensa llanura de los aires hacen también un ruido semejante al de los grandes lienzos que se agitan por entre las columnas y las vigas de nuestros coliseos; otras veces,
imitan el sonido delicado que hace roto el papel entre los dedos, como en el trueno puedes observarlo; o el ruido de un vestido que hay colgado, o de una hoja volante que los vientos en fuerzade sus golpes repetidos agitan y remueven por los aires.
Tomado de: Lucrecio. De la naturaleza de las cosas, Madrid, Ediciones Cátedra.
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